Terapia hormonal en la menopausia: lo que necesitas saber para decidir

Terapia hormonal en la menopausia: lo que necesitas saber para decidir Pocas cosas generan tanto debate en el mundo de la salud femenina como la terapia hormonal. Hay mujeres que la descartan de entrada porque «eso da cáncer». Hay otras que la piden desesperadas porque sus síntomas son insoportables y nadie les da una respuesta clara. Y hay muchas más en el medio, confundidas, con información contradictoria y sin saber qué creer. Mi objetivo aquí no es decirte qué tienes que hacer, sino darte la información que necesitas para tomar una decisión informada junto a tu médico. Es uno de los temas sobre los que más preguntas recibo, y también uno de los que más mitos arrastra desde hace más de veinte años. Vamos a desmontarlos con la información disponible hoy. En este artículo te explico qué es la terapia hormonal, qué tipos existen, cuáles son sus beneficios y riesgos reales, qué pasó con el famoso estudio que cambió su reputación, y qué opciones existen si no puedes o no quieres tomarla. Qué es exactamente la terapia hormonal La terapia hormonal (TH) consiste en administrar estrógeno (solo o combinado con progesterona) para compensar el descenso hormonal de la menopausia. No es, como su antiguo nombre sugería, una «sustitución» de algo que falta, sino un tratamiento que ayuda a manejar síntomas cuando estos son lo suficientemente intensos como para afectar la calidad de vida. Las mujeres que han tenido una histerectomía (extirpación del útero) pueden tomar solo estrógeno. Las que conservan el útero necesitan tomar también progesterona, ya que el estrógeno solo puede engrosar el endometrio de forma excesiva y aumentar el riesgo de cáncer de endometrio si no se compensa con progesterona. Tipos de terapia hormonal y vías de administración Existen distintas formas de administrar la terapia hormonal, y la vía influye de forma directa en el perfil de riesgo. Las pastillas orales son la forma más conocida, pero al pasar por el hígado antes de llegar a la circulación general, se asocian a un mayor riesgo de coágulos sanguíneos que otras vías. Los parches transdérmicos y los geles evitan ese primer paso por el hígado, por lo que tienen un perfil de riesgo cardiovascular más favorable, especialmente en mujeres con factores de riesgo añadidos. También existen presentaciones locales, como cremas, óvulos o anillos vaginales de estrógeno, indicadas específicamente para los síntomas genitourinarios (sequedad, molestias en las relaciones, infecciones urinarias de repetición) con una absorción sistémica mínima, lo que las hace una opción segura incluso para muchas mujeres que no pueden tomar terapia hormonal sistémica. Beneficios de la terapia hormonal El beneficio más conocido es el alivio de los sofocos y los sudores nocturnos, para los que la TH sigue siendo el tratamiento más eficaz disponible. Pero sus efectos van más allá: mejora la calidad del sueño cuando este se ve afectado por los sofocos, alivia la sequedad vaginal y las molestias asociadas, y protege la densidad ósea, reduciendo el riesgo de fracturas relacionadas con la osteoporosis. Iniciada dentro de los primeros años tras la menopausia, también se asocia a una reducción del riesgo cardiovascular, lo que se conoce como la «ventana de oportunidad» para su uso. Riesgos y quién no debería tomarla Los riesgos existen y hay que conocerlos con honestidad. El riesgo de cáncer de mama aumenta algo con el uso prolongado de estrógeno más progesterona, especialmente a partir de los cinco años de tratamiento, aunque ese aumento no se observa con el estrógeno solo en mujeres histerectomizadas. El riesgo de coágulos sanguíneos es mayor con la terapia oral que con la transdérmica, como comentábamos antes. Hay situaciones concretas en las que la TH no está recomendada: antecedentes personales de cáncer de mama, enfermedad cardíaca establecida, antecedentes de trombosis o accidente cerebrovascular, y enfermedad hepática activa. En estos casos, existen alternativas no hormonales que pueden ayudar a manejar los síntomas, y merece la pena explorarlas con tu médico. El estudio WHI y lo que cambió después Qué generó el pánico inicial Gran parte del miedo actual a la terapia hormonal viene de un estudio publicado en 2002, el Women’s Health Initiative (WHI), que fue interrumpido antes de tiempo por un aparente aumento del riesgo de cáncer de mama y enfermedad cardiovascular. Ese estudio generó un pánico que llevó a millones de mujeres a abandonar el tratamiento de golpe y a muchos médicos a prescribirlo casi con miedo durante los años siguientes. Las limitaciones que se descubrieron después Lo que se sabe ahora es que ese estudio tenía limitaciones importantes: las participantes tenían una media de 63 años, es decir, no eran mujeres recién llegadas a la menopausia, sino mujeres que llevaban ya bastantes años en la posmenopausia, muchas de ellas con factores de riesgo cardiovascular previos. Los resultados no son extrapolables a mujeres más jóvenes que inician el tratamiento en los primeros años de la transición, que es cuando habitualmente se recomienda empezar. Las revisiones posteriores, con análisis más detallados por edad y tiempo desde la menopausia, han matizado enormemente aquellas conclusiones iniciales. Hoy en día, las principales sociedades científicas de menopausia a nivel internacional coinciden en que, para mujeres sintomáticas menores de 60 años o dentro de los primeros diez años tras la menopausia, sin contraindicaciones específicas, los beneficios de la terapia hormonal generalmente superan a los riesgos. Este reposicionamiento, dos décadas después del estudio original, refleja lo importante que es analizar la evidencia científica en su contexto completo, y no quedarse con titulares de hace más de veinte años. Terapia hormonal bioidéntica: qué es y qué no Es habitual encontrar el término «hormonas bioidénticas» en el contexto de la menopausia, y conviene aclarar qué significa realmente. Las hormonas bioidénticas son aquellas cuya estructura química es idéntica a las hormonas que produce el propio cuerpo, y de hecho muchos de los tratamientos de terapia hormonal aprobados y regulados que existen en farmacia son bioidénticos en este sentido estricto. El término se presta a confusión porque también se usa, de forma comercial y sin la misma evidencia