
El estudio (Nutrients, 2025) apunta otra idea clave: los perfiles difieren por estilo de vida y contexto, y eso condiciona qué tipo de apoyo necesita cada uno.
En su muestra, las diferencias entre empleados y estudiantes se explicaban más por factores de estilo de vida y contexto (por ejemplo, entorno urbano y educación), y además observaron variaciones por sexo: mujeres con ciertos patrones alimentarios y hombres con mayor actividad física.
En empresa, esto se traduce en una realidad que RRHH y PRL conocen bien: No todos necesitan lo mismo para estar bien.
🔹Hay personas que necesitan mejorar el descanso (turnos, transporte, emergencias).
🔹Otras requieren apoyo para moverse más (oficinas, administración).
🔹En trabajos físicos, puede ser más crítico el enfoque en recuperación, hidratación y calidad de la alimentación.
🔹En entornos con alta carga emocional (sanidad, atención al público, educación), el eje es estrés, regulación emocional y hábitos sostenibles.
El estudio, además, plantea algo importante: para capturar bien el bienestar, no basta con medir hábitos visibles; hay que integrar también variables psicológicas (estrés, resiliencia, autoeficacia), porque influyen en la adherencia.
Programas “por capas”: básico común + módulos por colectivo.
Intervenciones realistas por entorno (no es lo mismo oficina que campo).
Referencia: Stachera et al., Nutrients (2025), estudio sobre hábitos, estilo de vida y necesidad de enfoques más específicos de apoyo.
Si tuvieras que elegir una sola segmentación para empezar mañana: ¿por turnos, por tipo de puesto o por nivel de demanda (física/mental/emocional)?