¿Te ha pasado que sigues comiendo prácticamente igual que hace unos años pero ahora engordas más fácil, te notas más hinchada o simplemente tu cuerpo ya no responde como antes?
Y lo más frustrante: no entiendes por qué.
Porque no, no es que de repente lo estés haciendo todo mal. Lo que ha cambiado es tu cuerpo.
Y mucho.
Lo que está pasando (aunque no lo veas)
Durante la perimenopausia y la menopausia, los niveles de estrógenos empiezan a bajar. Y esto no solo afecta a los ciclos o a los sofocos.
Afecta directamente a cómo gestionas la energía.
Por un lado, tu cuerpo se vuelve menos eficiente utilizando la glucosa. Es decir, esa capacidad que antes tenías para comer ciertos alimentos sin que pasara nada… ahora cambia. Aparecen más picos de azúcar en sangre y más facilidad para almacenar grasa.
Por otro lado, también se produce una tendencia a perder masa muscular. Y esto es clave.
Porque el músculo es metabólicamente activo. Cuanto menos músculo tienes, menos energía consume tu cuerpo en reposo. Es decir, tu gasto energético baja… aunque tú no hayas cambiado nada.
Y aquí es donde muchas mujeres se sienten perdidas:
“Pero si como lo mismo que antes”
Ya. Pero tu cuerpo ya no es el mismo.
Además, hay otro factor que suele pasar desapercibido: la redistribución de la grasa corporal. Es habitual que empiece a acumularse más en la zona abdominal, algo que también está relacionado con los cambios hormonales y que incluso se asocia con mayor riesgo cardiovascular .
No es solo una cuestión estética.
Entonces… ¿qué puedes empezar a hacer?
Aquí no se trata de comer menos. Se trata de comer mejor para el momento en el que estás.
Y esto cambia bastante el enfoque.
Empieza por algo muy básico, pero muy potente: la proteína.
A muchas mujeres les falta proteína en esta etapa. Y es clave para mantener masa muscular, mejorar la saciedad y estabilizar la energía durante el día. No necesitas hacer nada complicado, simplemente asegúrate de que en cada comida haya una fuente clara de proteína.
Otro punto importante es cómo distribuyes lo que comes.
Pasar muchas horas sin comer y luego hacer comidas muy grandes suele generar más descontrol en la glucosa. Tu cuerpo ahora agradece más la estabilidad que los extremos.
También es momento de empezar a observar cómo respondes a ciertos alimentos. No con obsesión, sino con curiosidad.
- ¿Te notas más hinchada después de ciertas comidas?
- ¿Tienes más hambre a media tarde según lo que desayunas?
Tu cuerpo te está dando información.
Y ahora toca escucharla desde lo físico.
Un matiz importante que casi nadie te dice
Muchas veces, cuando el cuerpo cambia, la reacción automática es restringir más.
Comer menos. Saltarse comidas. Intentar compensar.
Pero en esta etapa, eso suele jugar en tu contra.
Porque más restricción = más estrés fisiológico
Y más estrés = peor regulación hormonal
Es un círculo.
Por eso, el objetivo no es apretar más. Es hacerlo diferente.
Para que te quedes con una idea clara
No es que tu cuerpo se haya vuelto “más difícil”.
Es que ahora funciona con otras reglas.
Y cuando entiendes esas reglas, todo empieza a tener sentido.
Empiezas a dejar de pelearte con tu cuerpo y empiezas a trabajar con él.
Y ahí es donde realmente empiezan los cambios.
Y si no sabes por donde empezar, escríbeme y te ayudo a conseguirlo.