El bienestar corporativo también tiene género (aunque no siempre lo veamos).
Durante años, la prevención de riesgos laborales se diseñó tomando al hombre como trabajador “estándar”.
El resultado es que muchos riesgos que afectan mayoritariamente a las mujeres han quedado infraanalizados, normalizados o invisibilizados dentro de las organizaciones.
El análisis del INSST muestra que las mujeres presentan mayor exposición a riesgos psicosociales, posturas mantenidas, movimientos repetitivos y dobles jornadas (trabajo remunerado + cuidados).
No porque “aguanten más”, sino porque el trabajo está organizado sin tener en cuenta estas realidades.
Integrar la perspectiva de género en el bienestar corporativo es crear programas para mujeres, adaptados a sus necesidades específicas.
Es ajustar la prevención al trabajo y la biología de las personas.
Cuando esto se hace bien, mejora la salud, disminuyen las bajas y aumenta el compromiso de toda la plantilla.
Durante años, la prevención de riesgos laborales se diseñó tomando al hombre como trabajador “estándar”.
El resultado es que muchos riesgos que afectan mayoritariamente a las mujeres han quedado infraanalizados, normalizados o invisibilizados dentro de las organizaciones.
El análisis del INSST muestra que las mujeres presentan mayor exposición a riesgos psicosociales, posturas mantenidas, movimientos repetitivos y dobles jornadas (trabajo remunerado + cuidados).
No porque “aguanten más”, sino porque el trabajo está organizado sin tener en cuenta estas realidades.
Integrar la perspectiva de género en el bienestar corporativo es crear programas para mujeres, adaptados a sus necesidades específicas.
Es ajustar la prevención al trabajo y la biología de las personas.
Cuando esto se hace bien, mejora la salud, disminuyen las bajas y aumenta el compromiso de toda la plantilla.