La OMS acaba de pedir a los gobiernos que endurezcan los impuestos sobre bebidas azucaradas y alcohol para frenar enfermedades prevenibles. Y no es un capricho: hablamos de una crisis de salud pública que ya está impactando directamente en los entornos laborales.
👉Aumento del ausentismo
👉 Costes crecientes en salud laboral
👉 Menor productividad
Y mientras tanto… seguimos encontrando máquinas expendedoras llenas de azúcar líquida en los pasillos de muchas empresas. Zumos disfrazados de saludables, cafés embotellados con más azúcar que una chocolatina y refrescos que ofrecen un “boost” a corto plazo, pero minan la salud a largo plazo.
No se trata de prohibir, sino de repensar nuestros entornos de trabajo.
¿Queremos espacios que cuiden a las personas o que alimenten el problema?
¿Crees que las empresas deberían revisar lo que ofrecen en sus espacios comunes? ¿O que este cambio debe venir desde políticas públicas?