La plantilla está envejeciendo.

La longevidad activa de los trabajadores es la nueva variable estratégica de los recursos humanos. Los datos de 2026 no dejan lugar a dudas.

Numerosos países han entrado ya en lo que los demógrafos denominan estado de superenvejecimiento: más del 20 % de su población tiene más de 65 años. Al mismo tiempo, la edad legal de jubilación sigue subiendo en la mayoría de los países de la OCDE. El resultado es una ecuación que las organizaciones no pueden ignorar: las plantillas son cada vez más longevas, las carreras profesionales son cada vez más largas y el rendimiento sostenido a lo largo de esas carreras depende, en una medida mucho mayor de la que se suele reconocer, de cómo se gestiona la salud de las personas durante los años en que trabajan.

El Global Wellness Institute lo identifica en su informe de tendencias para 2026 como una de las prioridades emergentes en bienestar organizacional: la longevidad saludable, entendida no como simple esperanza de vida sino como años de vida en buena salud y con plena capacidad funcional, se está convirtiendo en una variable de gestión de recursos humanos. Las organizaciones que la integren en su estrategia tendrán ventaja en retención de talento senior, continuidad del liderazgo y productividad sostenida a largo plazo. Las que no lo hagan asumirán costes crecientes sin haberlos previsto.

Los trastornos musculoesqueléticos cuestan más de 2 billones de dólares anuales a la economía global. Y son en gran parte prevenibles.

Los trastornos musculoesqueléticos, que incluyen el dolor de espalda, las lesiones de hombro, las tendinitis y las afecciones articulares, representan una de las principales causas de baja laboral en Europa y en la mayoría de los países desarrollados. Según los datos citados en el informe del GWI, su coste económico global supera los 2 billones de dólares anuales y son la causa más frecuente de abandono prematuro del mercado laboral entre los trabajadores de mediana y avanzada edad. En España, los problemas musculoesqueléticos figuran sistemáticamente entre las primeras causas de incapacidad temporal, especialmente en sectores como la sanidad, la industria y los servicios.

La paradoja es que muchos de estos problemas son prevenibles con intervenciones relativamente sencillas: ergonomía adecuada, rotación de tareas, pausas activas estructuradas y acceso a fisioterapia preventiva. Las organizaciones que han implementado programas de prevención musculoesquelética han reducido tanto la incidencia de bajas como el tiempo de recuperación cuando estas se producen. El retorno de la inversión en estas intervenciones es, en la mayoría de los estudios disponibles, claramente positivo.

La salud cognitiva también es una variable de rendimiento que las empresas pueden gestionar.

La investigación en neurociencia del envejecimiento muestra que la salud cerebral, entendida como la capacidad de mantener la atención, el razonamiento y la regulación emocional a lo largo del tiempo, no es un proceso irreversible determinado exclusivamente por la genética. Factores como el ejercicio físico regular, la calidad del sueño, la gestión del estrés crónico, los vínculos sociales y la estimulación cognitiva sostenida influyen de forma significativa en la trayectoria del funcionamiento cerebral a lo largo de la vida laboral.

El McKinsey Health Institute ha publicado en 2026 un informe específico sobre la ventaja humana en la era de la inteligencia artificial, que analiza cómo las capacidades cognitivas e interpersonales que hacen irreemplazables a las personas pueden mantenerse y desarrollarse con intervenciones adecuadas. Las estimaciones del GWI señalan que invertir en salud cerebral a escala podría evitar 267 millones de años de vida ajustados por discapacidad a nivel global antes de 2050 y generar hasta 6,2 billones de dólares acumulados en ganancias de PIB. Son cifras que convierten la salud cognitiva de la plantilla en una prioridad económica, no solo en una aspiración de bienestar.

Por otro lado, la OCDE indica en su informe Pensions at a Glance 2025 que la tendencia al alza en la edad de jubilación no se va a revertir. Las organizaciones que diseñen sus condiciones de trabajo, sus programas de salud y su cultura interna pensando exclusivamente en trabajadores de entre 25 y 45 años tendrán dificultades crecientes para sostener el rendimiento de una plantilla donde los perfiles de 50, 55 y 60 años representan una porción cada vez mayor y más relevante del capital humano disponible.

La longevidad activa de los trabajadores no es una responsabilidad social corporativa. Es una condición para sostener el rendimiento organizacional en los próximos veinte años.

¿Tiene su organización programas específicos orientados a mantener la salud funcional de los trabajadores de mayor edad? ¿Contempla su estrategia de bienestar la dimensión de la longevidad activa?

Fuentes

Global Wellness Institute (abril 2026). Workplace Wellbeing Initiative Trends for 2026: Healthy Longevity as Workforce Infrastructure. globalwellnessinstitute.org

OCDE (noviembre 2025). Pensions at a Glance 2025. oecd.org

McKinsey Health Institute (2026). The Human Advantage: Stronger Brains in the Age of AI. mckinsey.com/mhi

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