El empleado que no duerme bien rinde un 50 % menos. Nadie lo está midiendo.

El sueño es el activo de rendimiento que las organizaciones llevan años ignorando.

La privación de sueño cuesta a la economía estadounidense entre 280.000 y 411.000 millones de dólares al año. No es un dato de salud pública: es un dato económico. Lo calcula RAND Corporation en su estudio comparativo entre países desarrollados, y pone en cifras lo que cualquier responsable de personas intuye pero rara vez mide. El trabajador que duerme mal no lo da todo. El problema es que pocas empresas saben cuántos de sus empleados están en ese grupo.

Los datos son consistentes en todas las fuentes. Un trabajador que duerme entre siete y ocho horas diarias produce, en promedio, un 29 % más de resultado útil que uno que duerme menos de seis. La Fundación Nacional del Sueño de Estados Unidos señala que el 70 % de los trabajadores reconoce que la calidad de su sueño afecta directamente a su rendimiento laboral. Y un análisis de Gallup cifra las pérdidas por absentismo vinculado al sueño insuficiente en 44.600 millones de dólares anuales solo en ese país.

El sueño afecta a lo que más valoran las empresas: la toma de decisiones y la gestión emocional.

La neurociencia del sueño es rotunda en un punto que tiene implicaciones directas para el entorno laboral. Durante el sueño profundo, el cerebro consolida la memoria, regula el equilibrio emocional y elimina los residuos metabólicos acumulados durante el día. Cuando ese proceso se interrumpe de forma crónica, el coste no aparece solo en el cansancio físico. Aparece en la capacidad de concentración sostenida, en la velocidad de procesamiento de la información y, de manera muy notable, en la regulación emocional.

Un directivo con privación crónica de sueño toma decisiones con mayor impulsividad, tolera peor la frustración y tiene reducida su capacidad de empatía. Un equipo cuyos miembros duermen de forma insuficiente comete más errores, se comunica peor y genera más conflictos interpersonales. Estos efectos no se perciben como consecuencias del sueño: se perciben como problemas de actitud, de gestión o de clima laboral. Y se abordan de la misma forma equivocada.

Las organizaciones pueden actuar. No se trata de decirle a la gente que duerma más.

La intervención más eficaz no pasa por entregar un folleto sobre hábitos de sueño. Pasa por revisar los factores organizacionales que contribuyen a la privación. La cultura de la disponibilidad permanente, la normalización de las reuniones tardías, la presión implícita por responder mensajes fuera de horario y la carga cognitiva acumulada al final de la jornada son variables que las empresas pueden modificar. Y cuando lo hacen, los resultados son medibles.

Algunas organizaciones de referencia han empezado a incluir el sueño en sus programas de salud laboral con enfoques concretos: talleres de higiene del sueño dirigidos a mandos intermedios, políticas de desconexión digital efectivas, ajustes en los horarios de reuniones para evitar los picos de actividad cognitiva en las horas de menor alerta, y acceso a evaluaciones del sueño como parte de la revisión médica laboral. Las empresas que incorporan estas medidas reportan mejoras en el estado de ánimo, reducción del error humano y mayor retención del talento.

El coste de una persona que duerme mal es, según RAND, de 1.967 dólares anuales en pérdida de productividad por empleado. Multiplicado por el tamaño de una plantilla mediana, el número se vuelve imposible de ignorar. Y sin embargo, sigue sin aparecer en ningún cuadro de mando de recursos humanos. Tal vez porque nadie ha calculado todavía lo que costaría preguntarlo.

La empresa que cuida el sueño de su plantilla no está siendo generosa. Está siendo eficiente.

¿Dispone su organización de alguna política de desconexión digital efectiva? ¿Forma parte la higiene del sueño de su programa de salud laboral o sigue siendo una responsabilidad exclusivamente individual?

Fuentes

RAND Corporation (2023). Why Sleep Matters: Quantifying the Economic Costs of Insufficient Sleep. rand.org

National Sleep Foundation (2024). Sleep and Workplace Productivity Survey. thensf.org

Gallup (2024). Employee Wellbeing and Productivity. gallup.com

Ir al contenido